domingo, 26 de junio de 2011
viernes, 3 de diciembre de 2010
domingo, 6 de junio de 2010
9 meses
jueves, 3 de junio de 2010
Avanzar

Durante años como estudiantes hemos trabajado en propuestas para el fortalecimiento de la educación pública ejemplo de esto son las largas discusiones que hemos dado por mejorar el acceso, nuevas formas de financiamiento, el rol que tiene el Estado con las universidades de su propiedad y las que no lo son, además de mejorar nuestra participación dentro de nuestra casa de estudios.
Largas luchas que se dieron bajo gobiernos de la Concertación, coalición política que en términos educacionales propendió a la municipalización y subvención de los establecimientos escolares, en el caso universitario se desentendió de las Universidades lo que significó continuar con la política de autofinanciamiento, de este modo las universidades perdieron su rol principal de “docencia, investigación y extensión” para transformarse sin ninguna oportunidad mas que en Universidades cuyo principal rol es el de buscar recursos para financiarse, pues de otro modo están condenadas a desaparecer.
Pero a todo esto se suma una nueva variable: El gobierno de derecha de Sebastián Piñera, ¿qué nos viene?¿hacia dónde avanzar?¿qué proponer?.
El futuro que nos viene como ciudadanos y en particular como estudiantes es un largo camino y muy complicado, el actual gobierno tiene la intención de profundizar las políticas de autofinanciamiento, acabar con las diferencias entre Universidades públicas y privadas (sin si quiera preguntarse cúanto ayuda la Universidad “X” para el desarrollo de nuestro país), transformar las becas en créditos, los créditos solidarios en créditos bancarios; un sinfín de propuestas que tienden a privatizar aún más la educación, profundizando el paradigma instalado en dictadura en el que se propuso que la educación es un “bien personal” y por ende debe ser financiado por quién lo recibirá, pues es una “inversión” con altos réditos.
No olvidando que en estas críticas debemos ser respetuosos, cautos y democráticos, entendiendo que el Gobierno actual fue electo democráticamente por nuestros compatriotas y las políticas propuestas por ellos son sólo eso, propuestas de un gobierno de derecha que responden a una ideología determinada y que puede ser contraargumentadas por nuestras propuestas de educación de calidad pública y democrática.
Debemos avanzar y construir una plataforma que agrupe a los sectores que lucha por una Universidad Pública, cuyo sentido sea el ser un polo de desarrollo para nuestra comunidad en todos sus aspectos, desde las matemáticas a las artes. Mejorar nuestras propuestas históricas: Arancel diferenciado en miras de la gratuidad, Gratuidad, fin a la PSU o en su defecto complementarla con métodos que midan las capacidades de nuestros compañeros, por nombrar algunas de las tantas propuestas que existen.
No caigamos en discursos provocadores de ningún sector, pues los panfletos y consignas son fáciles de hacer y pregonar, pues cuando un debate se gana por lo lindo que se habló o por lo fuerte que se gritó no es construir un movimieno inclusivo. Tampoco lo es trabajar en cuatro paredes, ni insultar a nuestros compañeros solo por tener una idea distinta a la nuestra, debemos discutir con altura de miras, por todo lo anteriormente dicho es trabajo nuestro (de todos) discutir y avanzar por el objetivo común que tenemos: Una educación al acceso de todos y de calidad.
miércoles, 7 de abril de 2010
miércoles, 17 de marzo de 2010
Lucas, sus meditaciones ecológicas
En esta época de retorno desmelenado y turístico a la Naturaleza, en que los ciudadanos miran la vida de campo como Rousseau miraba al buen salvaje, me solidarizo mas que nunca con: a) Max Jacob, que en respuesta a una invitación para pasar el fin de semana en el campo, dijo entre estupefacto y aterrado: << ¿El campo, ese lugar donde los pollos se pasean crudos?>>; b) el doctor Jonson, que en mitad de una excursión al parque de Greenwich, expreso enérgicamente su preferencia por Fleet Street; c) Baudelaire, que llevo el amor de lo artificial hasta la noción misma de paraíso.
Un paisaje, un paseo por el bosque, un chapuzón en una cascada, un camino entre las rocas, solo pueden colmarnos estéticamente si tenemos asegurado el retorno a casa o al hotel, la ducha lustral, la cena y el vino, la charla de sobremesa, el libro o los papeles, el erotismo que todo lo resume y lo recomienza. Desconfío de los admiradores de la naturaleza que cada tanto se bajan del auto para contemplar el panorama y dar cinco o seis saltos entre las peñas; en cuanto a los otros, esos boyss-scouts vitalicios que suelen errabundear bajo enormes mochilas y barbas desaforadas, sus reacciones son sobre todo monosilábicas o exclamatorias; todo parece consistir en quedarse una y otra vez como estúpidos delante de una colina o una puesta de sol que son las cosas mas repetidas imaginables.
Los civilizados mienten cuando caen en el deliquio bucólico; si les falta el scotch on the rocks a las siete y media de la tarde, maldecirán el minuto en que abandonaron su casa para venir a padecer tábanos, insolaciones y espinas; en cuanto a los mas próximos a la naturaleza, son tan estúpidos como ella. Un libro, una comedia, una sonata, no necesitan regreso ni ducha; es allí donde nos alcanzamos por todo lo alto, donde somos lo mas que podemos ser. Lo que busca el intelectual o el artista que se refugia en la campaña es tranquilidad, lechuga fresca y aire oxigenado; con la naturaleza rodeándolo por todos lados, él lee o pinta o escribe en la perfecta luz de una habitación bien orientada; si sale de paseo o se asoma a mirar los animales o las nubes, es porque se ha fatigado de su trabajo o de su ocio. No se fíe, che, de la contemplación absorta de un tulipán cuando el contemplador es un intelectual. Lo que hay allí es tulipán + distracción, o tulipán + meditación (casi nunca sobre el tulipán). Nunca encontrará un escenario natural que resista más de cinco minutos a una contemplación ahincada, y en cambio sentirá abolirse el tiempo en la lectura de Teócrito o de Keats, sobre todo, en los pasajes donde aparecen escenarios naturales. Sí, Max Jacob tenía razón: los pollos, cocidos.
Un tal Lucas
Julio Cortázar
Un paisaje, un paseo por el bosque, un chapuzón en una cascada, un camino entre las rocas, solo pueden colmarnos estéticamente si tenemos asegurado el retorno a casa o al hotel, la ducha lustral, la cena y el vino, la charla de sobremesa, el libro o los papeles, el erotismo que todo lo resume y lo recomienza. Desconfío de los admiradores de la naturaleza que cada tanto se bajan del auto para contemplar el panorama y dar cinco o seis saltos entre las peñas; en cuanto a los otros, esos boyss-scouts vitalicios que suelen errabundear bajo enormes mochilas y barbas desaforadas, sus reacciones son sobre todo monosilábicas o exclamatorias; todo parece consistir en quedarse una y otra vez como estúpidos delante de una colina o una puesta de sol que son las cosas mas repetidas imaginables.
Los civilizados mienten cuando caen en el deliquio bucólico; si les falta el scotch on the rocks a las siete y media de la tarde, maldecirán el minuto en que abandonaron su casa para venir a padecer tábanos, insolaciones y espinas; en cuanto a los mas próximos a la naturaleza, son tan estúpidos como ella. Un libro, una comedia, una sonata, no necesitan regreso ni ducha; es allí donde nos alcanzamos por todo lo alto, donde somos lo mas que podemos ser. Lo que busca el intelectual o el artista que se refugia en la campaña es tranquilidad, lechuga fresca y aire oxigenado; con la naturaleza rodeándolo por todos lados, él lee o pinta o escribe en la perfecta luz de una habitación bien orientada; si sale de paseo o se asoma a mirar los animales o las nubes, es porque se ha fatigado de su trabajo o de su ocio. No se fíe, che, de la contemplación absorta de un tulipán cuando el contemplador es un intelectual. Lo que hay allí es tulipán + distracción, o tulipán + meditación (casi nunca sobre el tulipán). Nunca encontrará un escenario natural que resista más de cinco minutos a una contemplación ahincada, y en cambio sentirá abolirse el tiempo en la lectura de Teócrito o de Keats, sobre todo, en los pasajes donde aparecen escenarios naturales. Sí, Max Jacob tenía razón: los pollos, cocidos.
Un tal Lucas
Julio Cortázar
domingo, 7 de marzo de 2010
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